G u e r r a s i n
p l a n:
“Guerra sin plan.
Poemas Europeos. 1993-1994” es un libro de poesías que sigue un determinado orden de batallas donde se delimitan, sin duda,
distintos campos de enfrentamiento:
la vida, el hacer, el tiempo, la muerte (o la ausencia, quizás hija menor de la
muerte) como así también el amor, son algunos de los temas a los que este poeta
les hace frente. Estas batallas
múltiples sin duda bellamente expuestas nos dejan el sabor no de una amarga
derrota, sino por el contrario, de una grata victoria; ¿de qué convenciones (de Ginebra) se vale su autor para
ponerle “el pecho a las balas”? Esta es quizás una de las primeras
interrogantes que Marcos Cogan pueda dilucidarnos.
De Marcos Cogan, el ganador en modalidad poesía del I
Concurso Desequilibros de Creación
no conocemos absolutamente nada más
que su libro de poesía. (Y este plural es absolutamente singular; yo soy quien no tiene el gusto de haber
tratado antes con Marcos). “Guerra sin
plan. Poemas Europeos. 1993-1994” es toda prueba (y sustancial) de su
persona. Esto, afortunadamente, no es poca cosa. Todo lo contrario. Abordar una
entrevista a quien escribe versos tan atractivos, es verdad también, no
requiere un exhaustivo conocimiento biográfico acerca del autor. Hete aquí el
caso extremo en el que sólo tenemos la obra, sencillamente, y una firma. Y bien
podría tratarse de un pseudónimo, de formal tal que incluso el mismo nombre del
autor podría ser un mero artificio más de entre muchos. Caso cúspide y
paradigmático el presente, pues, para quien pudiera inquirir sobre la letra
escrita sin realmente tener la voluntad de curiosear un poco – lo suficiente e
indispensable, claro – sobre quien ha empuñado la improbable lapicera. Ese
excesivo desdén pudorosamente formalista por el “culpable” de estos “combates”
y “batallas” sin plan aparente me resulta francamente indigerible en este caso.
Más adelante podríamos indagar el por qué.
En
este momento debo aclarar dos puntos básicos : el uso del plural corre por
cuenta del pudoroso cronista amateur, por un lado, y por el otro, esta es una
entrevista, de modo que deseo que pronto Marcos tome el uso favorable de la
palabra y el favor amable de guiarnos hacia aquello que quiera decirnos y
contestar, a pesar incluso de mi intrusión como “entrevistador” a distancia.
Nuestra
primera pregunta podría tentativamente ser, entonces, quién es Marcos Cogan.
¿Europeo? Es probable. ¿Sudamericano? Quizás. Por el ímpetu de algunos de sus
versos, conjeturo que se trata de alguien joven o que, al menos, algunos de los
poemas de su “Guerra Sin Plan”
tuvieron que haber sido escritos en vísperas de la juventud. Hay en ellos
asuntos que la crítica llamaría “de iniciación”, es decir, que denotan la
situación conflictiva de quien debe “salir al ruedo”.
¿Coincidirá
Marcos, hasta ahora, con alguna de estas apreciaciones?
Por
definición la poesía es indefinible. Tal vez no por una incapacidad metafísica
o intelectual nuestra, sino porque definir qué es la poesía es equiparable a definir por ejemplo un sabor, un amanecer, un amor. Sabemos pero no sabemos. A este
cronista, al menos, le resulta así. Y es seguro que a cualquier persona sensata
no le resultará del todo confortable una
definición. Existen en principio las definiciones herméticas del diccionario,
aquellas de cuya aparente solvencia insustancial a uno no le queda más que la
percepción – y también quizás el deber
- de que ha de seguir indagando. Eso sí: la poesía, sea lo que fuere, abunda. Señalo
todo esto porque, confieso, no soy un gran lector de poetas, pero, aún así,
Marcos Cogan me ha involucrado en esto que me resulta indefinible; será tal vez
don de quien sabe articular palabras: provocarnos un encuentro con la poesía
que nos inste a seguir buscando. Nuestro segundo atisbo de pregunta sería
entonces ¿qué es la poesía? ¿qué creerá Marcos Cogan que es la poesía?
En
cuanto al libro en sí, los títulos de algunos poemas y los epígrafes, como así
también numerosas palabras y hasta tres poemas del libro, están a veces
compuestos en otros idiomas. Castellano, inglés, italiano y francés componen un
único código entremezclado a veces, o decididamente foráneo en otras. ¿A qué se
deberá esta mezcolanza? Pues si bien el amor – que suele sobreabundar y ser
triste fetiche de cajón en muchos poetas – no abunda en castellano en este
libro, sí está presente por triplicado hacia el final, pero en francés: así, “Letres 132, 180 y 200” versifica sobre
asuntos de amor y desamor. Y ha de resultar un tema delicado, pues si bien
algunos asuntos se codifican en un idioma central – esto es: en castellano, ya
que la publicación es en castellano – el asunto amoroso se restringe al idioma
francés: ¿A qué se deberá tal uso de los idiomas? Surge la sensación, en la
lectura, de que el tema amoroso está como “protegido” por la brecha sondable de
la acomodaticia lengua diplomática por excelencia: para saber sobre qué tratan
estas historias de amor y desamor, habrá primero que superar la línea de
defensa del sutil francés. El último campo de batalla en la Guerra es el del
amor. ¿A qué se debe esta configuración de los temas? ¿Qué “pudores”, por
llamarlos de algún modo, actúan en tal caso?
Por
otro lado, hay poemas que se distinguen claramente de los primeros. “El tiempo hoy 1” - nota personal del cronista: mi favorito -
y “El tiempo hoy 2” son un ejemplo;
poemas que cortan la temática inicial y abren, podríamos decir, otro “frente de
batalla”: esta vez contra el irremediable Tiempo. Estos poemas se cierran con
interrogantes, al parecer, melancólicas. ¿Hasta qué punto la resignación es la
última arma contra lo inalterable? ¿A
qué interrogantes responden estos poemas? Y como el cronista es argentino, y se
toca un tema de índole metafísico, y se está hablando de poetas, no puede sino
echar solapadamente un nombre: Jorge Luis Borges. ¿Hay dejos del Insigne en
estos dos poemas?
El
poema de la página 17 presenta el singular caso de no tener título. Es cierto
también que trata un tema para el que bien podría decirse, no hay palabra. Como
poeta, ¿pensará el autor que todo es versificable? ¿Hasta qué punto? ¿Habrá
palabras impronunciables? ¿Casos en los que la palabra vedada sea la más justa
de las palabras? Este poema otorga la oportunidad para que Marcos profundice
sobre el tema y nos brinde su opinión.
Sin embargo, el tema central del
librito es la guerra. Declarado o no, se nos describe un estado permanente de
enfrentamiento, en diversos actos y eventos; un constante y digno
enfrentamiento donde lo defendido puede, ciertamente, costar una batalla pero jamás
la guerra. Lo seguro es que la rendición es improbable, o al menos no sin haber
dado hasta lo último antes de firmar una rendición de la que sea siquiera
esperable cierta condicionalidad elemental. Se abren, pues, varios frentes de
combate, y el único plan es hacerles frente, no rendirse. El único plan viable
es asomar el pescuezo y aguantar, no tirar la toalla, hacer frente, nomás. El
único plan es ese, el no plan:
Algunos
poemas, como “Cabezas y Fuegos”, “Cumpleaños Feliz (Parábola con gemelos
idénticos y zurdos)” y “Oniro-Farniente” tratan, me parece,
sobre ciertos conflictos con las convenciones y los mandatos impuestos. Son los
primeros poemas del libro, y todos tienen una suerte de núcleo en común: yo, se
me ocurre ahora, le llamaría “de la incomodidad”. Esta incomodidad – este
estado de enfrentamiento - es el punto neurálgico de Guerra Sin Plan. Este grupito de poemas sea tal vez la primera
“batalla” de entre las varias que libra esta “guerra”. Todos estos poemas son
en verso libre, de indudable ritmo pero sin muchas rimas. ¿Será parte del
“escape” hacia aquella libertad del poeta que se exalta? ¿Qué hay del verso
libre y la métrica? Elijo este grupo inicial de poemas porque tal vez sean los
más significativos siguiendo esta idea de “incomodidad – conflicto”.
En
unión al poema central del libro, que le da su nombre (y es central hasta en la
distribución de las páginas: justo en el medio), se constituye sin duda la batalla central, el epicentro donde se
concentra mayor fuego cruzado. ¿Qué habrá de cierto en todo esto? ¿Habrá
motivaciones concretas detrás de estos versos? ¿Será casual? Pero sigamos.
Todos
estos poemas tienen además en común epígrafes nada inocentes que definen con
seguridad a los posibles miembros de “los bandos” (discúlpenme la constante
jerga de barraca militar). Cada una de estas dedicatorias es asimismo una
definición: “A todo margen lúcido. A esa
periferia inmensa, dolorosa y creativa”, “A todos los yuppies de mi generación”, “Al señor emprendedor que me hallaba apto para crear en su agencia de
publicidad”. ¿Son o no francas declaraciones de pertenencia a un bando, y a
la vez declaraciones de “guerra” al otro? El estilo coloquial en estos poemas y
la temática laboral se asemeja tal vez a los “Poemas de la oficina” de Mario Benedetti. ¿Este autor, u otros
semejantes, habrán influido? Y si no, ¿cuáles? Bien articulada la pregunta,
sería así: ¿cuáles son tus autores favoritos y cuáles han influido en estos
versos? ¿Existe alguna vinculación entre estos versos, este tema tratado,
aquellos autores favoritos y un motor propio, estético o no, que motive esta
“batalla” contra empleadores señoriales y yuppies
disciplinados por el sistema?
Hay
cierto roce, creo, entre el querer y
el deber; entre elementos deseados y
negados, entre los sueños, tal vez, y una realidad que contrasta. La
incomodidad está en qué hacer llegado el momento del combate: pongámoslo en
términos bélicos: ¿dar combate? ¿replegarse sabiamente? ¿rendirse con banderita
blanca...? Soldado que huye,...¿siempre sirve para otra guerra? A estos
asuntos, ante los que nadie puede declararse “rehén” (“en caso de guerra me declárenme rehén” Woody Allen dixit), son a
los que se enfrenta cualquier adolescente cuando comienza a percibir el
funcionamiento real del mundo (cruel), y de ahí mi conjetura inicial sobre la
juventud de don Marcos.
Ese
es el momento en el que todos deben salir de una manera u otra a enfrentar el
problema. No hay trinchera posible que pueda protegerlo a uno por mucho tiempo.
Y en toda batalla siempre hay víctimas, incluso también personas queridas, “gemelos idénticos” que caen o, peor, se
entregan fácil al enemigo: “Al filo del
veintiuno / y sin coche / escapado del paraíso” son versos que sin duda “chocan” – ya que estamos con la mecánica
- con “el otro pasaba de poco / a muchos
caballos de potencia”. El automóvil como medida del éxito indecoroso se
repite en el verso “banal como tu máquina
con nombre de animal / y es redondito
como unos neumáticos”, y en
varios de estos poemas. ¡Y quién no le envidia siquiera el auto a estos
“vendidos” de chequera impúdica! Sin embargo, el éxito mercantil a veces puede
significar la peor de las derrotas: aquella de la que ni siquiera se es
consciente. Nuestro autor parece apuntar a quienes “reptan”, a los “(rr)rematados”,
los que, en definitiva, se venden a esta vida “perra”, aunque nos duela. Estas
personas se tornan imágenes especulares de nosotros mismos, son el exacto
inverso. Están retratados, tal vez, en “Cumpleaños
Feliz” : son hermanos que caen. ¿Y quién no ha conocido, en su propia vida,
a quienes ante esta “guerra” atroz se venden al bando contrario sin titubeos? Y
por unos cuántos miles de euros, o dólares o más modestos pesos semanales, nada
más. Y ni siquiera lo saben:
“El otro / aceptaba repetir lo dicho
en un / contexto rentable” y con “esa
intención grandiosa de ser alguien” se convierte en uno más de entre la
pila de víctimas. Víctimas, desde ya, cuya voluntad quebrada de por vida para
alzar los brazos por algo se ve compensada por una rentabilidad inquebrantable
que le es negada a quienes refunfuñan epítetos en contra.
En “Cabezas
y Fuegos” esa “incomodidad” o “enfrentamiento” (con grato humor también) involucra
desde la vida en general, hasta el conocimiento – un discurso caduco - , y por
qué no, de nuevo, el nefasto destino mercantilista y laboral, capaz de hacernos
bajar la cabeza hasta ponernos de rodillas y “reptar”. Una ráfaga corta de palabras
como metrallas nos dice “vivo bien así /
sin validar / como bien así / sin licenciar” para enseguida añadir “me
complazco en un discurso démodé / hablo con polainas y mesoterías (teteras de
mi té)”. Y al final del poema, el tono entre jocoso y despreocupado (pero interesado) del inicio termina con
versos de tinte más melancólico: “donde
no se huye ya / de la huella ventral a lo prohibido / donde se rrremata antes
de matar / a los furtivos / que se las arreglan para jamás / reptar”.
Varios
de estos poemas se cierran con versos que expresan cierta melancólica
resignación: “Oniro – Farniente”
termina con: “el resultado cabal de tus
habladurías / las de antes / del sueño.” Y aquí estaríamos tentados de preguntar cuáles eran (y son)
aquellos sueños ante los que el poeta se ha enfrentado. ¿Habrá salido
victorioso? ¿Es posible ser poeta en el siglo XXI, en cualquier parte del
mundo, sin ser a la vez considerado un demente soñador? Pues bien, ¿qué es un
poeta? ¿para qué o quiénes sirve?
El
tema del dinero, lo sabemos, suele ser más un asunto propio de la versificación
que de contabilidad abundante y concreta en la vida de los poetas. A lo largo
de los poemas, de una manera u otra, el asunto del dinero, o del trabajo como
supresión de la personalidad, está presente. A tal punto que el poema que da
nombre al libro dice en uno de sus versos: “Ese
dinero que / dijera Jacques: es el nervio de la guerra”. Tantas alusiones,
lejos de un interés impuestario, nos hacen querer saber con urgencia... ¿Cuál
será la relación (conflictiva) del poeta con este tema? Y, por cierto, ¿de que
Jacques se trata? El cronista (des)conoce a dos Jacques: Costeau y Derrida.
“Noticias”, en prosa,
es una de las piezas que complementa esta temática, con algunos juegos
aritméticos y una crítica siempre evidente. Nuevamente, ¿existirá relación
alguna entre poesía y sociedad? Es decir, si se exponen ideas críticas hacia lo
social desde un poema, ¿qué cabe esperar de uno y otro “frente”? Y en particular
para el poema “Noticias”, ¿qué valor
tienen en la poesía la prosa y el verso? ¿Cómo saber cuándo un modo y cuándo
otro? ¿Hay un estilo que es más testimonial y otro más poético?
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* *
Hasta
aquí nuestro imperfecto rol de inquisidores. Espero que Marcos Cogan no me
acuse de haber hecho autoanálisis leyendo sus poemas o, lo que sería peor, de
haber hecho el más estrafalario de los ridículos a partir de mis interrogantes al
leer su obra de una manera tan limitada. De entre numerosas guerras sin
razones, esta guerra sin plan se
distingue por su calidad, invitándonos a calzarnos el casco de combate y
recorrerlo con la gratificación garantizada de que en esta “guerra” ninguna
baja será en vano. Sea quien fuere este hombre, misteriosamente nos confiesa y
nos place a lo largo de la lectura de sus poemas, sin un tono frío y
aleccionador sino cercano y coloquial.
Es aplicable aquí, porque por suerte lo cumple, aquel verso de Verlaine
que reza: “Señor, líbrame del orgullo siempre idiota”.
Es
su deber ahora contestar, refutar, invalidar, sopesar, negar y resolver a
voluntad las cuestiones, interrogantes y preguntas aquí sin duda torpemente
planteadas. Aquellas encerradas entre signos de severa interrogación y, sobre
todo y en especial, las que, disimuladamente, se disfrazan de afirmación
impoluta o mero prejuicio.
En
definitiva, señoras y señores, será que hay múltiples lecturas posibles y ése
es el gran mérito – redención del
cronista incluida - de este librillo digital merecidamente ganador del
concurso Desequilibros.
Corresponsal
en el frente de batalla:
Nicolás A. Valdés Mavrakis,
Bs. AS. 2003 ®
Exclusivo
para Desequilibros.com